La habitación del grito, Screaming Room, 2013

Autor: Alicia Framis

225 x 176 x 180 cm (habitación).

Habitación realizada en tablero de aglomerado de haya y listones de pino. Poliespán, espuma aislante, micrófono, cables, focos, ordenador, software para impresión en 3D, impresora en 3D y bobinas.

La habitación es una caja enorme de madera en la que entras y gritas. Lo que contiene la caja por unos segundos es tu grito, esa es la obra de arte. Y cuando salimos del cuarto, una impresora imprime el grito en forma de taza de té. Cada taza es diferente, al igual que nuestro grito. Es una válvula de escape y a la vez una fórmula para el reencuentro con uno mismo.

Como la energía no se destruye sino que se transforma, gracias a una impresora 3D el grito se transforma en una taza de té, que se hace en 20 minutos. Cada persona tiene un grito único y por tanto una taza de té única. Cada visitante se puede llevar la taza de té que su grito produzca.

Alicia Framis avisa: "Los aullidos más altos dan lugar a tazas más pequeñas". La obra nos libera transformando nuestros chillidos, gracias a una impresora 3D, en un objeto asumible.

Framis comenta que Screaming room era una pieza que hizo para un conocido banco holandés, el de los agricultores. Una sala donde los empleados pudieran desfogarse. Por eso su primera versión era un tipi de patatas. Era curioso ver a trabajadores entrando en ella para gritar y luego salir como si tal cosa. Ese grito, gracias a un software, se convierte en una taza. Lo que me gusta es que cada una es diferente, como los gritos. Es energía que se transforma.

La primera idea se transformó en una caja de madera como las que se utilizan para trasladar obras de arte. Esta última versión gusta más a la artista porque el grito se convierte en obra de arte.